La cumbia de las verduras o Cómo conseguir un kilo de azúcar

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Leticia Roa Nixon.

El otro día mientras manejaba sintonicé una estación tropical, bullanguera y guapachosa donde tocan sabrosas cumbias.  Al terminar varias de ellas se oyó la cachonda voz del locutor invitando a llamar a la radiodifusora.  De inmediato recibiríamos el elepé que incluía la canción La cumbia de las verduras.

Nada más a tono con la época en que vivimos ¿no cree? Ya no más temas de sensuales anocheceres ni mulatas seductoras al ritmo de sus caderas.  Ni hablar, chico. Ahora bailaremos al son de la cumbia del desempleo con su cosquillante coro: “ya me aburrí ¡del des-em-pleo! No me casé ¡por el des-em-pleo! Crucé la frontera ¡por el des-em-pleo!

Imagínese la cantidad de cumbias que brotarían de la inspiración de nuestros tropicaleros gracias a semejante filón de problemas.  Al igual que los cubanos ya no lloraríamos nuestras desgracias sino que las convertiríamos en sonoras melodías como aquella de “alegre él jibarito va, cantando va, diciendo así por el camino…”

En esas reflexiones estaba cuando de nuevo oí la efervescente intervención del locutor esta vez para anunciar la rúbrica de la estación señalando un interesante punto de venta: la única que regala azúcar. Sí, leyó usted bien (y a mi vez yo oí bien) además de los premios tradicionales otorgados por las radiodifusoras, ¡esta estación se daba el lujo de prometer un kilo de azúcar a los radioescuchas!

El ama de casa seguro preferiría un kilo de tan valioso regalo en vez de un elepé que sólo hablaba de verduras.  La realidad se impone y todo romanticismo desaparece ante las necesidades básicas, especialmente si se trata de llenar primero el estómago.

Y haciendo ciencia-ficción, me imaginé que tal vez no pase mucho tiempo (si siguen con estas dádivas) para que en lugar de ir al mercado acudamos a las radiodifusoras por un kilo de carne, un kilo de huevo, un litro de leche, un kilo de camarones, un pollo rostizado y quién quite si se animen a ofrecer hasta un tanquecito de gas ¿no le parece?

Lo único que quizás se le olvidó prever al sesudo autor de semejante promoción radiofónica es la magnitud de la demanda de los radioescuchas.  No creo que se den abasto y como lo prometido es deuda, no tardaría en bajar el rating de la radiodifusora.

Acostumbrados a recibir alimentos, los “fans” de la estación bullanguera y guapachosa despreciarían olímpicamente los elepés.  Nada de cambalache.  Y les cantarían a los dueños de la radiodifusora: “no quiero cumbia ni quiero mambo, yo lo que quiero es un poco de azúcar”.

Y llegando a los extremos ante el incumplimiento de la promesa radiofónica, tal vez las amas de casa organicen  una magna manifestación hasta el Hemiciclo de Juárez portando pancartas como éstas: ¡Menos cumbias y más alubias! ¡Che, Che queremos café!

Más vale que recapaciten nuestros estimados  publicistas antes de lanzar promociones que a la larga provoquen  desórdenes públicos no muy lejanos a la ciencia-ficción

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